Por Nelson Ventura (*)
La actual coyuntura venezolana de un régimen de facto, desconocedor de todos los principios y garantías constitucionales; desconocido por muchos países de la comunidad internacional por su carácter totalitario, por cuanto ha violentado intencionalmente los más elementales derechos humanos; impulsó la diáspora más grande de la historia de la humanidad, nueve millones de venezolanos huyeron buscando vida en lo social, económico y político; ha encarcelado a más de 20 mil ciudadanos, procesado por odio político a más 50 mil, y sobre muchos de ellos ha infligido las más crueles y grotescas torturas, por un mensaje de WhatsApp donde se pedía libertad.
Tan aberrante concepción política llevó al régimen a robarse los resultados electorales en ocasión de las elecciones del 28 de julio de 2024 y se adjudicó el cargo, mediante sus esbirros electorales. Cumpliendo su promesa “que si perdía haría un baño de sangre”. Asesinó a unas 30 personas y encarceló a unas 2.500 que reclamaron la victoria electoral, hechos respaldados por el no menos aberrado sistema de justicia ad hoc, que dio mayor fuerza al oprobio.
Las denuncias recorren el mundo, ninguna institución del sistema internacional hizo algo oportunamente. Las instituciones nacionales encargadas de defender constitucionalmente la República, como los militares, la fiscalía, la defensoría, hicieron mutis, forman parte del sistema.
El férreo control de las armas, de los grupos violentos, de los organismos de seguridad e inteligencia del estado, la total proscripción de las garantías de los derechos civiles, la arquitectura de un conjunto de leyes de control, como la ley Simón Bolívar, la Ley Constitucional contra el odio, la ley para el control de los defensores de derechos humanos y organizaciones no gubernamentales, el férreo control de las redes sociales, de los medios de comunicación, nos dejaron en total indefensión en estado de sitio, sobreviviendo cada uno en su lugar de confinamiento.
La naturaleza criminal del gendarme, suficientemente conocida, se convirtió en un objetivo principal de lucha contra el narcotráfico por el Presidente Donald Trump, cuyo gobierno advirtió, persuadió y ofreció facilidades para poner fin a la dictadura, llegando a la actual situación
La actual situación social, política y económica del país se enmarcan en un hecho histórico sin precedente desde la visión geopolítica e interna, que define su status quo, como un protectorado con visos de ocupación, después de los hechos del 3 de enero de 2026.
Los venezolanos estamos pagando un alto precio, es una situación sui generi, semi ocupados militarmente y controlados por un protectorado administrativo abierto, que ejerce el gobierno de Estados Unidos, para colocarnos en el camino de la libertad, y la democracia, para elegir y reorganizar las nuevas instituciones republicanas, allí nos encontramos.
La realidad indica que seguimos bajo el mismo régimen de facto, con la misma crueldad para retener el poder, sustentado en una fuerza externa, que ignora nuestra soberanía.
Desde el 3 de enero de 2026 se marca un antes y un después para las instituciones que conformaban la República de Venezuela, ahora solo hay desolación. Antes ya se sentía la destrucción del país desde lo moral, político, económico y social.
A partir del día de la conflagración, el régimen totalitario y Venezuela quedó bajo protección de Estados Unidos, gústenos o no, ellos tomaron el control en forma de protector, dizque mientras desmontan la estructura totalitaria inoculada desde hace 28 años en lo que antes fue la República de Venezuela. El detalle es que ahora forman parte, del pisoteo de constitucional el tener en sus mazmorras más 400 presos políticos.
No es el protectorado clásico, no es la ocupación militar clásica, pero importantes características de éstas instituciones históricas nos gobiernan y la conjunción de todas esas acciones podemos definirla como la protectocupación venezolana.
El protectorado es la soberanía delegada en una relación política y jurídica, en la que un estado protegido por ser débil, cede parte de su soberanía a un estado protector a cambio de protección. Ha sido una herramienta de los imperios, como el protectorado francés de Marruecos y Egipto en el siglo XIX.
La ocupación es una situación de hecho en que un estado poderoso ejerce un control militar efectivo sobre un territorio o Nación que no le pertenece, suele devenir de un conflicto armado. Ambas figuraras están reguladas por el derecho internacional (convención de Ginebra), es un control temporal para mantener orden y seguridad. Por ejemplo la ocupación de Alemania y Japón luego de la Segunda Guerra Mundial
Por el origen, el protectorado es un acuerdo o tratado, la Ocupación es el uso de la fuerza y las armas, como la mini guerra de 3 de enero; La soberanía en el protectorado se mantiene formalmente en el Estado local, en la Ocupación queda suspendida o en disputa, no se transfiere
En la administración del protectorado las autoridades locales quedan bajo supervisión; en la ocupación hay autoridad militar extranjera directa. En cuanto a la duración suele proyectarse a largo plazo, en la ocupación se considera temporal.
En nuestro caso hay de todo, los tiempos han cambiado, no se puede hablar de ocupación militar sino de inteligencia civil y militar. Pero el concepto de tutela es otra cosa.







