Editorial.
Diversos investigadores, analistas, defensores de derechos humanos, líderes indígenas, organizaciones sociales, políticas, indígenas, influencers de las redes sociales, religiosos, periodistas vienen denunciando que parte del país está siendo gobernada por irregulares, grupos armados imponen las reglas en muchas comunidades y explican que éstos grupos provienen de Colombia.
Hechos concretos confirman estas denuncias. El secuestro y asesinato del dirigente indígena jivi Julio Rodríguez; el secuestro de dos jóvenes en la parroquia Los Pijiguaos, sector Morichalito del Municipio Cedeño del estado Bolívar.
El manejo y control de la minería ilegal en las comunidades del estado Amazonas, extractivismo que saquea los minerales, especialmente la extracción del oro. Así como la imposición de una justicia propia que se verifica en sicariatos y asesinatos con características propias de éstos grupos delincuenciales que ganan terreno dentro del territorio del estado Amazonas, pisoteando nuestra soberanía
Otro elemento que demuestra fehacientemente un control externo es la devastación del ambiente sin ningún miramiento, miles y miles de hectáreas destruidas que dejan la contaminación de las aguas y la desolación.
Todo ello es un hecho público, notorio y comunicacional, pero no se siente ni se ve la actuación de las instituciones y autoridades encargadas de nuestra seguridad ciudadana, del resguardo de nuestro ambiente y especialmente de nuestra soberanía.
Es doloroso vivir bajo las reglas de grupos armados foráneos, más grave es no encontrar las autoridades encargadas de defender la soberanía nacional. Qué pasó con la soberanía en Amazonas.





